13 sept. 2012

La independencia


Intentaré dar mi punto de vista sobre el tema de moda. Es mi opinión, y nadie tiene porque estar de acuerdo, ni yo mismo a veces.
En primer lugar creo que mi opinión inicial la resume Javier Cercas  en “Soldados de Salamina”:

"El nacionalismo es una ideología -explicó, endureciendo un poco la voz, como si le molestara tener que aclarar lo obvio-. Nefasta a mi juicio. El independentismo es sólo una posibilidad. Como es una creencia, y sobre las creencias no se discute, sobre el nacionalismo no se puede discutir; sobre el independentismo sí. A usted le puede parecer razonable o no. A mí me lo parec"

Pues hablemos sobre ello. Como yo, hay mucha gente escéptica con respecto al independentismo.  No se trata de nacionalismo (quien me conozca sabrá que no tengo bandera) sino de pragmatismo.
Y ese es el primero de los problemas con los que se enfrentará el que proponga una independencia. Si hay algo que distinga a los catalanes del resto de España, es esa vena pragmática (y a veces cínica) que tenemos de la vida.  Por lo tanto los argumentos deben ser convincentes y consistentes, o mucha gente no se posicionará a favor. Independencia quizá sí, pero ¿cómo?
A esto se le añade mi forma (ingenieril) de ver el universo. Una de mis capacidades (innata y desarrollada por mis estudios) es intentar definir los parámetros de una actuación, y ver cómo es posible implementarla en el mundo real. Toda esta situación genera dudas, muchas dudas. Nada es irresoluble, pero es obvio que si se quiere seguir manteniendo el nivel de vida actual, las cosas se deben hacer con cuidado y mucha precisión.
En primer lugar debemos definir el sistema de gobierno que queremos. ¿Monarquía? ¿República? ¿Un sistema bicéfalo (jefe de gobierno/estado) como en Francia? ¿O único (tipo EE.UU.)?
Obviamente el Estatut no sirve como constitución, hay que modificarlo, o escribirlo de nuevo.  Así mismo, hay que generar un código penal (civil no haría tanta falta), y diseñar un departamento de justicia más eficaz. También hay que definir la unidad de representación territorial (vagueries, ¿quizá?), y replantear la estructura del estado (unificar poblaciones de menos de X habitantes, etc). Porque se deberá optimizar la organización en general, ya que  al menos en un primer momento, costará poner en marcha la maquinaria del estado.
Otra cuestión será la nacionalidad. Es decir ¿se podrá elegir nacionalidad? ¿o se aceptarán dobles nacionalidades (para mí sería lo mejor y más rápido) por parte de los dos estados?
Por otra parte, está la cuestión económica. El objetivo debe ser, a toda costa, estar en la UE, o al menos ser un estado asociado. Es decir, que se nos permita seguir usando el euro como moneda, y evitemos los aranceles que los productos catalanes tendrían en Europa, así como la libre circulación. Porque hay que tener clara una cosa, el mercado español nos quedaría cerrado (al menos en los primeros años, habrá muchos rabiosos). Esto en sí no debería ser ningún problema, cumpliendo los requisitos que fije Bruselas
Y en cuanto a la sacrosanta deuda ¿Qué hacemos con ella?
No me preocupan las empresas, dudo mucho que ninguna deje de ejercer su actividad. Como mucho, crearán sociedades con sede en Barcelona (supongo que reducirán impuestos). No me imagino a la empresa en la que trabajo dejando caer un negocio de más de 20 millones de euros  por nacionalismo. El dinero no conoce de patrias.
Se debe también tener en cuenta el pago de pensiones y seguros por desempleo de la gente que se quedara en territorio catalán (aunque entiendo que eso no debería ser demasiado problema, no estamos en la edad de piedra, y crear un organismo supranacional que lo coordine es tan fácil como proponérselo).
Todo estado soberano precisa de un ejército. ¿Cómo se articula eso? ¿Permitiría España que nos quedáramos la parte de ejército que ya hemos pagado? ¿Se lo podemos subcontratar a Francia? ¿O fichamos a Blackwater (mercenarios)? ¿Necesitamos realmente un ejército?
Nada de esto es imposible de responder, pero este proceso requiere de mucha paciencia, cariño y entendimiento por ambas partes, y teniendo en cuenta el nivel de los políticos que podemos ver a diario, se me hace muy cuesta arriba pensar que sean capaces.
El impulso que la sociedad civil catalana ha dado, es claro y no debe ser olvidado. Pero para poder ese paso hay que organizarse y presentar un proyecto viable. Es fácil (y muy necesario) salir a la calle a pedir algo, pero luego hay que implementarlo.