1 abr. 2015

De utopías: Leyes de mercado (Richard Morgan, 2006)



Permitidme primero un inciso:

A aquellos que no seáis de Barcelona, probablemente no os suene la librería Gigamesh. Valga decir que  se define a sí misma como “Vicio y subcultura”, o sea que bien.
Su propietario y alma mater, Alejo Cuervo, es un frikazo de aquellos de impresión, y además es un visionario. Fue quien compró los derechos para España de la saga Canción de hielo y fuego (Juego de Tronos), y recientemente ha credo la librería digital lektu, que es el sueño húmedo de cualquier aficionado a la fantasía y ciencia ficción. Libros a un precio razonable, sin DRM, y una plataforma para los autores que quieren dar a conocer su obra, ya sea con pago social (te descargas el libro y a cambio lo dices en tu timeline) e incluso con "paga lo que quiera".
Bien, este señor ha sacado un librito que se llama Exegesis (que por cierto se puede descargar de manera gratuita en lektu), con  artículos varios muy interesantes y una pequeña joya, una lista de libros que cualquier biblioteca debería tener.
De esa lista sale este libro que voy a comentar. Y creo que saldrá alguno más, porque es apasionante.


Y sin más…
Leyes de mercado, de Richard Morgan, publicada el año 2006.
Imaginemos una sociedad en la que los ejecutivos son estrellas mediáticas, que se sabe y alaba que quitan y ponen gobiernos para mejorar las inversiones, y que la manera de ascender en las empresas (y obtener contratos) es matar a tus rivales en la carretera, al mejor estilo Mad-Max.
Imaginemos que un recién llegado, con sangre fresca en las ruedas es contratado por la empresa de mayor éxito, y por lo tanto la más agresiva y violenta….
Realmente la  historia principal es en sí bastante previsible (pero muy bien contada). Un protagonista recién ascendido que tiene ganas de comerse el mundo, una mujer que lo quiere mantener ligado a la ética, y un sistema pensado para sacar el máximo provecho cuanto más agresivo seas. Los conflictos son inevitables, y en ello se basa la historia principal (que vale mucho la pena).
Pero prefiero centrarme en la sociedad distópica  que se presenta en esa novela.  La historia se centra en Londres, pero podemos suponer que lo mismo pasa en otros países, menos en el norte de Europa.

La ciudad
Se ha producido un crack bursátil, uno más, y parte de la sociedad ha sido abandonada a su suerte en las zonas, unos barrios marginales que ahora son la norma. No hay servicios, ni policía (miento),  y la delincuencia es el pan nuestro de cada día. La ley la imponen las bandas.
Tenemos también otros barrios para los ricos y poderosos, tranquilos, protegidos, con su policía privada, que protege las fronteras y sus carreteras solo para ellos.
Los trajeados pasean por las zonas impunemente (especialmente para irse de fiesta, pillar drogas, etc)  armados, y si tienen cualquier problema (o se sienten mínimamente amenazados) basta con que maten a quien les ataca.  Si ese hecho se produce aparece la policía (¿recordáis que he dicho que mentía?) y remata a los que no estén del todo muertos. Además, si alguien de las Zonas ataca a la élite, pueden desahuciar a su familia como represalia. Es la ley.
El trabajo
¿Sabéis lo que es la City de Londres? Bien, pues imaginad lo mismo pero con algunos pequeños cambios.
Los ascensos se consiguen matando a los competidores, igual que los contratos. Para ello se compite en las carreteras, con coches de ejecutivo fuertemente blindados. En el momento en el que hay un duelo, la carretera se cierra para facilitar la competición, que por supuesto se retransmite en directo.
Se les puede quitar de en medio simplemente (siempre en la carretera) y de manera aséptica, pero no está bien visto, hay que “volver con la tarjeta ensangrentada, hay que mancharse las manos”.
La leyes
Buen chiste. Hay muchas leyes, pero son para los de las zonas. La élite las tiene, claro. Y debes atenerte a ellas. Hasta que ves que el mejor curso de acción es desobedecerlas y entonces lo haces. Y si sale bien creas un precedente.
Hay que ganar, sea como sea.
La ONU
Otro chiste. Existe, pero ningún gobierno poderoso la apoya, y en algunos casos hasta la combate. No existe un control internacional, no existe nada parecido a la compasión.  Lo intentan pero les es imposible luchar contra ellos.
 En resumen:
Una sociedad despiadada, un joven recién llegado con algún escrúpulo  y mucho dinero de por medio. ¿Qué puede salir mal?